3 de febrero de 2015

A matter of hormones

How a pair of UGG and a knitted track pants ended up at my closet.



Dado que mi barriga ha dejado de ser plana desde hace meses y en dos y medio seremos uno más en la familia, creo que es un momento de hacer balance del efecto de la revolución de las hormonas en mi embarazo. 
Antojos a parte (que no he tenido por el momento) y cambios físicos que son evidentes, la sombra de “Smelly Melly” (la Primera Dama de los Estados Unidos en la serie ‘ Scandal’ o la rival de Olivia Pope, como prefiráis) se ha apoderado de mí. Me refiero a su declive estilístico. Un chándal de felpa a lo Aberchrombie, una camiseta desaliñada, un albornoz medio haraposo y sus inseparables botas UGG que ni se quita para tirarse en el sofá mientras se atiza a vodka, alitas de pollo y patatas fritas de bolsa. 
Por supuesto esta última parte no es la que se ha adueñado de mi persona. Tranquilos, mi salud sigue intacta. Me sigo haciendo la manicura y yendo a la peluquería a ponerme las mechas. Lo que ha provocado la revolución hormonal se ha producido en dos fases. Y ahora os doy permiso para burlaros de mí un poquito…


De cómo he terminado con un pantalón de chándal en mi armario.

Se le puede llamar pantalón de punto con puños… pero al fin y al cabo es un chándal. Un poco de culpa la tienen las colecciones de otoño 2014 de Michael Kors, Chanel, Stella McCartney o Marc Jacobs… ¡Ojo, mi vena fashionista no se ha perdido del todo! ¡Estoy a salvo! Y así es como he terminado con un pantalón-de-punto-de-canalé-con-puños obra de Zara en mis manos. Es calentito y no oprime. 
Al principio lo combiné con los zapatos Oxford de plataforma o con zapatillas deportivas blancas… y NUNCA CON UNA SUDADERA. Y todo esto siempre con un abrigo de paño. El problema es que el frío llegó y me tuve que subir a un avión para un trayecto de 18 horas… y ahí me adentré en la segunda fase de la revolución hormonal.


De cómo me hice con unas UGG falsas para sobrevivir a un embarazo en invierno.

Utilizando la excusa de que una amiga me había encargado unas UGG del mercado de copias… allí me hice con un par para mí. Mis hermanas no daban crédito cuando se enteraron de la noticia. Siempre renegué de este calzado anti-estético. Sigo opinando lo mismo. Las tranquilicé cuando supieron que no pisaba la oficina con esas babuchas de bota en mis pies cual esquimal. 
Y por cierto, ahora parece ser que vuelven a la carga. Habían tenido su boom entre las celebrities con más o menos aciertos en cuanto a estilo y buen gusto se refiere. Después las adoptó el populacho. Y ahora parece que vuelven a tener su momento entre el famoseo. Así nos lo contaban hace unos días en S Moda.

Pues nada. Sólo espero que mis hormonas no se revolucionen más porque ya han cometido dos atentados contra mi manual de estilo. No le vamos a dar más importancia ni a sacarlo de contexto. Las revoluciones se apagan. Y mis hormonas están ahora mismo con planes de diseño interior y decoración de la habitación de nuestra pequeña.
 
Clockwise: Stella McCartney, Michael Kors, Marc Jacobs and Chanel. (Images: Style.com)

Since my belly has not been flat for months and in two and a half we’ll be one member more in our family, I believe it’s time to evaluate the effect of the hormones revolution during my pregnancy.
Apart from cravings (which I haven’t got any yet) and the physical changes which are evident, “Smelly Melly”’s shadow (US First Lady on the TV show ‘Scandal’ or Olivia Pope’s rival, as you prefer) has taken over me. I’m talking about her stylistic deterioration. Sweatpants á l’Aberchrombie, a slovenly tee, a shabby bathrobe and her inseparable UGG boots which she does not even remove to crash on the sofa while she gets wasted with vodka, chicken wings and chips.
Of course this last part is not the one that has taken over my persona. Calm down, my health remains intact. I keep doing my nails and going for highlights to my usual stylist. What has caused this hormonal revolution has come in two stages. And now I give you permission for laughing at me a little bit…

On how I've ended up with a pair of sweatpants in my closet. 

You can name them as cuffed-knitted pants… but in the end they’re sweatpants. Part of blame comes from Fall 2014 collections by Michael Kors, Chanel, Stella McCartney or Marc Jacobs… Watch out, my fashionista streak is not completely lost! I’m safe! And that’s how I ended up with a cable-knitted-cuffed-pants from Zara in my hands. It’s warm and it’s not tight at all. 
At the beginning, I paired them with the platform Oxfords or with white sneakers… and NEVER WITH A SWEATSHIRT. And all this went with a mannish tailored coat. The problem is that finally cold arrived and I had to take a plane for a journey of 18 hours… and that’s when I got into the second phase of the hormonal revolution.

On how I acquired a pair of fake UGGs to survive pregnancy in winter. 

Taking the excuse of that a friend had asked me a favor to purchase her a pair of UGG at the fake market… there I got another one for me. My sisters couldn’t believe it when they got the news. I always rejected this anti-aesthetic footwear. I keep the same opinion. I calmed them down when they knew that I was not going to work with those booted-slippers on my feet like a Eskimo. 
And by the way, it seems now that they are having a coming back. They had had their boom moment among celebs with more or less wise choices talking about style and good taste. After that they were taken by the plebs. And now it looks like UGG are having their success time again among celebs. Vogue UK  published an article about it some days ago and I'm already failing on rule number 2. Oops!

And that’s all. I only hope that my hormones do not stir up more ‘cause they’ve already committed two attachks agains my style guidelines. I’m not going to give an excess of importance neither take it out of context. Revolutions diminish. And my hormones are currently thinking about plans of interior design and decoration for our little baby girl’s room.

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