21 de abril de 2013

Tokyo

Tokio es alucinante. Sólo he estado tres días y cada paso que daba era una sensación nueva, diferente y siempre bonita. La noche cae pronto, a las seis y pico. Y fue justo en ese momento cuando empecé a notar una impresión que se iría adueñando de mí cada vez que caía la tarde. La culpable: la luz. El sol se marcha y se instaura una semi-claridad que te envuelve como un edredón. Una calidez que da tranquilidad. Sumada a un casi silencio que parece que estás en medio de la naturaleza o del desierto pero lleno de edificios tan altos como estrechos, luces de neón, carteles y gente que se mueve casi al mismo ritmo. Sólo hay que subirse a alguno de los edificios que rodea el cruce de Shibuya para ver a las hormigas humanas pasar de un lado a otro, en paralelo, en perpendicular o en diagonal. Todos uniformados de traje negro o azul oscuro casi negro, con el mismo maletín, casi sin rozarse a pesar de la estrechez del espacio y la multitud, y la misma forma de esperar por ese tren que se marcha después de una reverencia.

Omotesando



Tokio es contraste. Millones de habitantes caminando perfectamente alineados. Adolescentes que se agolpan a hileras de viseras y de calcetines de todos los diseños y colores. La disposición hace que una se vuelva adolescente por un instante y acabe comprando prendas y objetos inútiles en Shibuya 109. O volviéndose loca entre los miles de cómics manga siempre acompañados de libretas y lápices de infinidad de estilos. O como en un mismo edificio jóvenes y no tan jóvenes hacen cola para medirse ante el último videojuego de la casa Sega y tres plantas más arriba la nostalgia te invade porque el primer Mario Bros continúa dentro de su consola original, aquella que había llegado con retraso al bar de la esquina de tu barrio en los tardíos años 80. Las tiendas de este barrio tan tecnológico venden el cachivache más insospechado. Desde todo tipo de cables hasta la funda más hortera para el IPad último modelo. También aquí caí. Encontré los auriculares más baratos de la historia y con la garantía más ridícula: sólo una semana, según el dependiente que me insistió que no eran muy buenos.
Y así podría continuar detalle a detalle, pero mejor lo dejo para una futura visita. En Tokio me esperan todavía muchas cosas por descubrir.
Sayonara!


Akihabara District


Tokyo is Amazing. I have Orly been for three days and every step I moved forward was a new emotion, different and always pretty. Night falls earyly, at six something pm. And it was at that very moment when I started to feel a sensation that would take hold of me progressively any time the evening arrived. Who to blame? The light. Sun goes away and a semi-brightness is installed, wrapping you like a duvet. Some kind of warmth that gives tranquility. Added this to a nearly complet silence, it looks like you are in the middle of the nature or in a desert, but full of as tall as narrow buildings, neon lights, signs and people moving almost at the same pace. You only need to go up to some of the buildings that surrounds Shibuya crossing, and you will see the human ants passing from one side to the other, in parallel, perpendicularly or diagonally. Everybody in black or almost-black-dark-blue suit uniformed, with the same briefcase, hardly touching each other despite the narrowness and the crowd, and the equal way of waiting for that train that always leaves after a bow.
Shibuya Crossing (Doraemon spirit)
Tokyo is contrast. Millions of inhabitants walking precisely straightened. Teenagers crowding together in front of all design and colorful caps and socks rows. Their layout makes you turn into a teenager for a while and end buying useless clothes and stuff at Shibuya 109. Or just getting crazy in front of thousands of manga comics which are always selling along with an endless of styles of notebooks and pens. Or just in the same building, Sega palace, you find young people, and not so young, cueing to measure in front of the latest videogame, and three floors upstairs you get overwhelmed by nostalgia because the first Mario Bros is still living inside of the original console; that one which had arrived late to your neighbourhood pub in the late 80’s. Stores in this so technological district sell the most unsuspected junk. Starting with all kinds of cables and cords and ending at the most Jacky cover for the latest IPad model. Of course, I succumbed to temptation here. I found the cheapest headphones in history and with the most ridiculous guarantee: only one week, as per the store guy who insisted about the bad quality.
And I could keep going like this detail by detail, but it is better to leave it for other future visit. There are still many things waiting for me in Tokyo.
Sayonara!


Yoyogi Park

Omotesando-Harajuku

Akihabara District



Japanese Magazines

Mirror sunnies and Tokyo cap from Shibuya 109

The 1-week-guaranteed headphones

Some music



Tokyo is the place for t-shirts
Pura Vida bracelet

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