¿De pequeños os medíais con vuestros amigos el grado de moreno alcanzado cada semana que avanzaba el verano? Yo sí. Pero teniendo en cuenta mis rasgos rubios y ojos azules, es obvio que nunca he ganado esta competición por ver quién tenía el culo más blanco o, lo que es lo mismo, la marca del bañador más destacada.
Los primeros años de infancia la parte del cuerpo que se pone
más morena es la espalda. La razón: pues que te pasas el verano haciendo las
prácticas de arquitecto y albañil de castillos de arena. La posición en
cuclillas (al más puro estilo oriental y sobre la que ahora no logro sostenerme
más de medio minuto) sustituye a la de tumbado en la toalla porque ésta es
súper aburrida y de mayores. Por el contrario, tu barriga no ve el sol porque
es la barrera corporal que te separa de esos muros arenosos.
Llegamos a esa etapa del postureo y aquí empieza la
verdadera competición. Nuestras tardes en la playa se remiten a hacer una
barbacoa de nosotros mismos: vuelta y vuelta. Además, pasamos menos tiempo en
el agua porque todo lo que nos interesa ocurre en la arena. El niño mono que es
la primera vez que veranea en el pueblo. El chico mayor que ya está en el
instituto y que está como un queso. La revista Súper Pop que nos vamos pasando
de toalla en toalla (supongo que ahora se pasan la Cuore, ¿no?). Y mil
aventuras más. Incluso, somos así de inconscientes y no nos aplicamos la
cantidad ni el factor adecuados de protector solar. Tengo que decir que me
siento orgullosa de no practicar esto último porque siempre he tenido pánico a
quemarme con el sol.
Finalmente vamos madurando y lo de la marca del traje de
baño importa pero cada vez menos. La cuestión es que no importa en la víspera
del primer día de playa del verano. Pero, ¡oh, problema! Te plantas en la
arena, te quedas en bikini y, de repente, te das cuenta de que los rayos de sol
rebotan más en tu piel que en la arena de lo blanca que está. Entonces, sólo
quieres taparte con la toalla, el sombrero (a poder ser con el ala más ancha
del mundo) y las gafas de sol más enormes. Pero como has madurado, esta
histeria de una tarde se te pasa. No vas a conseguir el moreno de diez años
atrás porque no tienes tiempo para estar la mitad del día viendo las horas
pasar desde la arena.
Ahora, cada verano busco la crema solar que más me conviene y acabo de
subir el grado de protección de 30 a 50 porque le tengo pánico a esos rayos de
sol de Shanghai que parece que no están pero queman a través de ese cielo gris.
Os aconsejo otra vez extremar la precaución con nuestro amigo Lorenzo y aplicar
la loción solar todas las veces que sea necesario. Siempre mejor de más que de
menos.
When you were kids, did you pit with your friends the tanning scale every week summer moved forward? I did. However, bearing in mind my blond features and blue eyes, it's obvious that I've never won this competition about who got the whitest butt or, which is the same, who had the most noted swimsuit mark.
First years of childhood the part of the body that gets more tanned is our back. The reason: you spend the whole summer as an architect intern and builder of sand castles. Squatting position (following the purest Eastern style and which now I'm not able to stand for more than 30 seconds) replaces laying position on the towel because the latter is super boring and adults stuff. On the other hand, your belly does not see the sun 'cause it's the body barrier which separates you from those sandy walls
We arrive at that period of posing and it's here where the real competition starts. Our afternoons at the beach adhere to make a BBQ of ourselves: turn and turn, over and over. Furthermore, we spend less time in the water because all our interests happen at the beach sand. The cute guy who summers in town for his first time. The senior who already goes to high school and is dishy. The Super Pop issue which we are borrowing from one towel to the next one (I guess nowadays they read 'Cuore' magazine, don't they?). And thousands of more adventures. Even we are such irresponsible that we do not apply enough sunscreen nor the appropriate SPF. I have to say that I feel very proud of my persona about never practicing the latter 'cause I've always panicked with getting burnt due to sun exposure.
Finally we are getting more mature and swimsuit mark is less and less important. The thing is that I don't care on the first-day-of-beach's eve in summer. But, oh we got a problem! You set down on the sand wearing your bikini and, suddenly, you realize that sun rays bounce off more from your skin than from the sand because the former is too white. Then you only want to wrapped into your towel, put your hat on (if possible, with the widest brim in the world) and the most enormous sunnies. However, 'cause you've matured, this one-afternoon hysteria vanishes. You're not gonna get the tanning of ten years ago as if you don't have time to spend half day looking at the watch while lying on the sand.
Nowadays, every summer I look for the most suitable sunscreen for me and I've just upgrade the SPF from 30 to 50 'cause I panic with those sun rays in Shanghai which seem non-present but they burn through that grey sky. Again I advise you to take precautions with our friend Sol and apply sun cream as many times as necessary. It's better to exceed than to stay short.
Pictures: Pinterest.
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